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Año Nuevo

Cómo ser un buen anfitrión, el arte de recibir desde lo humano

El anfitrión contemporáneo entiende que cada invitado llega con su propio año a cuestas

Imagen creada con Inteligencia Artificial

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Wendy Berroa Hernández

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A pocas horas de despedir el 2025, la mesa de fin de año vuelve a convertirse en el corazón del hogar. Allí confluyen historias, balances personales, expectativas y afectos. En ese escenario, el rol del anfitrión adquiere una relevancia especial: ya no se trata sólo de organizar una cena, sino de crear un espacio donde cada persona se sienta bienvenida, contenida y parte.

En los últimos años, las celebraciones de fin de año han experimentado un cambio profundo. La ostentación dejó paso a la cercanía, y el protocolo rígido cedió ante una hospitalidad más empática. Ser un buen anfitrión en 2025 implica, ante todo, sensibilidad.

Recibir es observar

El anfitrión contemporáneo entiende que cada invitado llega con su propio año a cuestas. Por eso, la primera clave está en la atención: cuidar los tiempos, contemplar gustos y necesidades alimentarias, y disponer los espacios de manera que favorezcan la conversación y la comodidad.

No se trata de mesas perfectas, sino de mesas pensadas. Una buena iluminación, una música que acompañe sin invadir y una distribución que evite jerarquías innecesarias son gestos simples que hablan de consideración.

En la cena de fin de año, el anfitrión cumple también un rol emocional. Es quien marca el clima, facilita los encuentros y modera las diferencias. En un contexto familiar, donde conviven generaciones y miradas distintas, su actitud puede transformar la velada.

Dar la bienvenida con palabras sinceras, propiciar momentos de agradecimiento colectivo o permitir espacios de silencio y escucha son acciones que fortalecen la unidad familiar. El valor humano está en hacer sentir a cada invitado que su presencia importa.

Menos perfección, más presencia

Una de las tendencias que define el cierre de 2025 es la renuncia a la perfección. El buen anfitrión ya no busca impresionar, sino estar disponible. Delegar tareas, aceptar imprevistos y priorizar el encuentro por encima del resultado libera tensiones y favorece una experiencia más auténtica.

En muchas familias, el mejor recuerdo no será el menú, sino una charla compartida, una risa espontánea o un abrazo a medianoche.

Ser anfitrión en la cena de fin de año es, en esencia, un acto de generosidad. Es ofrecer tiempo, atención y cuidado. En un mundo marcado por la prisa y la fragmentación, abrir la casa y el corazón se convierte en un gesto profundamente significativo.

Así, la despedida del 2025 encuentra en la figura del buen anfitrión a un verdadero mediador de vínculos: alguien que entiende que recibir bien no es un lujo, sino una forma de unir, sanar y comenzar el nuevo año desde lo compartido.

Sobre el autor
Wendy Berroa Hernández

Wendy Berroa Hernández

Soy una seguidora del "buen gusto" que tiene licenciatura en Comunicación Social, mención Periodismo de la UASD. Con maestría en Comunicación Corporativa, APEC. Además, tengo estudios en Ceremonial y Protocolo institucional, Técnico Profesional en Ceremonial y Protocolo, Inst. 173 Argentina. También, cuento con algunos diplomados en Relaciones Públicas; Marketing digital y redes sociales; locución, entre otros.
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