Guardianes de la verdad Vivir

Arte

El campo pictórico de Pedro Ortegarias

Palpitante, ecológica, vital, una pintura de la tierra, sus frutos, sus aves, anima la Galería Nacional de Bellas Artes.

Visión de la naturaleza.

Visión de la naturaleza.

Publicado por

Creado:

Actualizado:

Ecología y naturaleza han animado las exposiciones de la Galería Nacional de Bellas Artes. Después de meses de “silencio” visual, por las lluvias y sus daños, por problemas del circuito eléctrico, la Sala de la Rotonda presenta la muestra pictórica de Pedro Ortegarias, distinta y ecológica, con paisajes especiales que revelan el amor por la tierra caribeña y la necesidad de preservarla.

Oriundo de La Joya, provincia de San Francisco de Macorís, apasionado desde la niñez por el dibujo y la pintura, Pedro Ortegarias, más que por estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes, fue, por intensas consultas y lecturas, como se preparó profesionalmente y luego expuso reiteradamente, de acuerdo con sus ideas e ideales.

Llegó a ganar premios en colectivas y concursos, de temas agrícolas, rindiendo un tributo a la fertilidad y la belleza del campo dominicano. Estos elementos confieren una personalidad e interés auténtico a sus paisajes reales-imaginarios. Al pintar en primer plano es como si el artista y su espectador penetraran dentro de la naturaleza, entre plantas, frutas y avecillas encantadoras.

Consideramos el optimismo como valor aquí inherente al tratamiento y enfoque del tema. Pedro Ortegarias nos propone una naturaleza verde, todavía intacta y rica en recursos. Una visión que estimula la preservación del medio ambiente. Es además pertinente mencionar la visión, ya que rostros – generalmente fragmentados- y aun ojos solos se deslizan inmersos en la vegetación.

Es una obra, conceptualmente muy simple y directa, hasta nos descansa de frecuentes implicaciones, que piden cuestionamiento en la pintura actual, dificultando el acceso estético al cuadro y a la fruición resultante.

La Exposición

La exposición incluye obras, todas adscritas al paisajismo y a la tradición francomacorisana, perteneciendo a un género secular, pero que no deja de carecer de inquietudes renovadoras o innovadoras. En el caso de Pedro Ortegarias, así encontramos la figura humana a través del rostro integrado al entorno vegetal, pero la representación detallada y densa de la naturaleza no lo necesita, ni en técnica, ni en ambientación. Nuestra interpretación apela tanto a la frondosa flora tropical como a la imaginación, hasta al sueño, plasmados con sensibilidad y refinamiento.

Nos atrevemos a decir que detalles “anatómicas” pueden limitar los atractivos: la unidad temática y su tratamiento -casi afectivo- hacen que recordaremos el artista como un poeta visual, que se ha encariñado de los pajaritos, de las frutas, del follaje, de su consistencia y generosidad natural.

Tal vez, Pedro Ortegarias haya querido acordarse de los famosos rostros compuestos del italiano renacentista Arcimboldo. No lo creemos, y, en caso de una hipotética reminiscencia histórica, el pintor dominicano no la necesita.

Pedro Ortegarias es un pintor que plasma y reinventa pictóricamente lo que él ha vivido y atesorado: “escribe” con el pincel metáforas de su trópico natal. Es su “campo” en todos los sentidos.

El pigmento consistente y/o ligero, colores luminosos, transmutan desde la claridad del día hasta la casi sombra crepuscular. La luz tropical expresa, a través de la pintura, vibraciones delicadas y hasta tonalidades, de apagadas a opulentas.

La paleta de Pedro Ortegarias es rica en matices: el artista observa, siente, concibe, transfigura el medio ambiente y circundante.

Diálogo con la naturaleza

El crítico de arte no tiene potestad respecto al título de una exposición, pero puede expresar su opinión. No nos parece que “Diálogo orgánico” sea el título que conviene a esta muestra emotiva, que expresa plenitud y calidez. No le corresponde un nombre casi científico y fisiológico. Si hay diálogo, si hay voces, es con la naturaleza y la vida que puebla estos lienzos.

Otro aspecto esencial reside en la cantidad casi compulsiva de motivos, que prácticamente llenan la superficie. No se lo atribuimos al “horror vacui”, rechazo del vació según planteaba el filósofo antiguo Aristóteles.

Creemos que Pedro Ortegarias aprieta tantos motivos vegetales y avícolos, los interviene parcialmente con metamorfosis de rostros, porque prefiere la saturación floral a su empobrecimiento.

Un compromiso sin dogmatismo que la pintura asume en oposición a las prácticas eliminatorias.

Este recargo por cierto no molesta estéticamente y contribuye a la singularidad de las obras, magistralmente montadas y dispuestas por Salvador Bergés, museógrafo de excepción, talento que va a la par con su oficio de pintor.

Coda

Esta muestra, la primera en varios meses, nos hace esperar que la Galería Nacional de Bellas Artes reanude sus exposiciones, su calidad, su frecuencia, ya que es la función y misión principal de una institución, que, en Santo Domingo, ofrece, con el Museo de Arte Moderno, los mejores espacios oficiales para las artes visuales, en sus distintas categorías. Ojalá también la segunda planta, más amplia, compleja y exigente, se ponga nuevamente a disposición de los artistas históricos y contemporáneos.

Sobre el autor

MARIANNE DE TOLENTINO

tracking