Fotografía
Thimo Pimentel, fotógrafo de historia
Más de medio siglo ha transcurrido desde que las fuerzas constitucionalistas se enfrentaron a la intervención bélica foránea. Imágenes que son testimonios.

Toma por asalto de la Fortaleza Ozama, 28 de abril.
El Centro de la Imagen es el corazón de la actividad fotográfica dominicana. Actualmente, rinde con fotografías del maestro Thimo Pimentel, homenaje a un período, patriótico e intenso, dramático e inolvidable.
Es más, sin esta muy importante muestra, imprescindible de visitar, la etapa de la insurrección patriótica de Abril 1965 no se hubiera recordado ahora, debidamente y con testimonios vitales, a pesar de que fue un episodio excepcional en la historia de la República Dominicana.
Decididas al sacrificio personal, las fuerzas constitucionalistas, sin que falten metas revolucionarias, agruparon a todas las clases sociales, participando hasta profesionales, intelectuales y creadores, literatos y artistas.
Juntos, con nuevos valores y una valentía inquebrantable, querían restablecer la democracia: se enfrentaron a la intervención bélica foránea, tan poderosa como carente de motivación interior – ni hablemos de los funestos autores del Golpe de Estado del 1963--.
La ciudad colonial, más histórica que nunca, se convirtió en un campo de combate heroico, siendo jóvenes en su mayoría los luchadores, identificados con otro porvenir para el pueblo dominicano. La obvia desigualdad de medios tenía por contrapartida, la inteligencia y la convicción, el arrojo y la valentía.
Aunque no deja de sorprender, el arte y la cultura estaban presentes en ese hervidero de la ciudad capital -¡tal vez nunca más han estado así!-, al constituirse un Frente Cultural Constitucionalista, que aunaba literatura, teatro, todas las Bellas Artes al fin. Entre los artistas plásticos, se destacaban Silvano Lora, José Cestero y Ramón Oviedo -siendo su fusil el pincel-, cuyas obras y memoria siguen vivas entre nosotros. El arte militante se convertía en político y social, a través de una estética comprometida.
Silvano Lora expresó: “Creo que la Revolución de Abril fue la jornada más hermosa de los grupos artísticos dominicanos”. Los carteles de ideología e incentivo a la lucha eran obras de arte únicas, pintadas a mano. Afiches y paneles definían los objetivos revolucionarios y movilizaban la opinión pública, acerca de los problemas y del proceso social. El arte estaba en la calle, no una manifestación discrecional e independiente
Por cierto, Thimo Pimentel, cuyos talentos infinitos (…) incluyen la fotografía de historia, ha documentado la “Revolución de 1965” y la valentía constitucionalista. Sus imágenes, en blanco y negro por las limitaciones de la época – en nuestra opinión felizmente centradas en la luz y el contraste-, capturan con emoción gente y escenarios, temporal y atemporalmente.
Hoy, 51 años después, entre vitrina, paredes y publicaciones que actualizan el pasado, nos sentimos inmersos, involucrados en el compromiso. ¿Casi un milagro? No, es el hecho de quien miró, retrató, transmitió.
Más allá de un documento formidable – y ciertamente lo es-, muestran cómo la antigua Ciudad Colonial se volvía sede de la resistencia a una intervención militar extranjera. Era, es un enfoque, inevitable y necesario, de reportaje fotográfico, pero la sensibilidad– nacional y personal - agrega dimensiones humanísticas y artísticas.
Thimo Pimentel, el incomparable
Thimo Pimentel pertenece a la gloriosa década del 60, la que distinguimos especialmente en el arte dominicano. Nunca ha dejado de sorprendernos. Es dibujante, pintor escultor, ceramista, vitralista, fotógrafo y gestor de proyectos increíbles como la Trienal del Azulejo -recorriendo el planeta- y el lúdico Arte Furtivo. También es escritor… ¡cómo aprecia el arte y la poesía!
Ahora bien, Thimo Pimentel es médico, de formación profesional dominicana y postgrado en España. Talvez sea el único con Aquiles Azar -un gran amigo- que haya compartido y superado -en el tiempo- la ciencia con el arte. Importante es subrayarlo, pues, cuando se entregó a retratar la insurrección patriótica, él tenía 24 años, acabado de graduar, y, ese mismo año, luego del cese de las hostilidades, se embarcó para hacer su especialidad en dermatología.
Si me pidieran dedicarle elogios en pocas palabras, diría simplemente: Thimo Pimentel impone respeto y admiración.
En 1965 se desempeñaba como fotógrafo deportivo. La contienda revolucionaria transfiguró su dedicación. Podríamos afirmar que ha sido nuestro mayor fotógrafo de historia, sin comparación posible por la gesta que plasmó en sus imágenes.
Sus fotografías son de una inmensa variedad, entre close up de personalidades y armamentos (…), combatientes en acción, mujeres integradas o reaccionarias adversas, niños inocentes, plazas y calles de la ciudad con o sin tanques, patrulleros caminando, compañeros cargando fusiles, carros volteados, sin olvidar el Volskwagen del propio Thimo, y mucho más, así cadáveres en el suelo…. Thimo Pimentel no vaciló en fotografiar los del campo adverso, francotiradores y norteamericanos.
Aunque listo y apasionado, permanecía prudente, midiendo sus distancias. Admirador confeso de Roberto Capa, muy probablemente sus fotos de guerra(s) le inspiraron. Atento a la buena calidad de la imagen, recordaba el famoso y citado consejo del fotógrafo húngaro: para conseguir buenas fotos, había que acercarse. No había nacido la fotografía digital, conservar instantáneos y negativos fue una hazaña.
Coda
Debemos recordar que Thimo Pimentel, además de las fotografías, presenta en el Centro de la Imagen, publicaciones coleccionables de su autoría, así espectaculares barajas con fotos distintas en cada carta, y un libro excelente, cuyos textos y fotografías conforman un verdadero manual testimonial.