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Gula: comer y beber "como si no hubiera un mañana"

Definida por los diccionarios como el "exceso en la comida o la bebida o un apetito desordenado de comer y beber" y considerada por la Iglesia Católica como uno de los siete pecados capitales, la gula tiene raíces muy complejas, según un psicólogo clínico que explica el trasfondo psicológico y emocional de la glotonería.

En Psicología no se habla de ‘gula’ en términos morales, sino como una conducta modificable y mejorable. Foto: Wayhomestudio/Freepik.

En Psicología no se habla de ‘gula’ en términos morales, sino como una conducta modificable y mejorable. Foto: Wayhomestudio/Freepik.Foto: Wayhomestudio/Freepik.

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— “Es importante precisar que en psicología no hablamos de ‘gula’ en términos morales”, señala en una entrevista con EFE, Nicolas Dhondt, psicólogo clínico y neuropsicólogo, especializado en trastornos de la conducta alimentaria, de Yazen, plataforma digital para conseguir y mantener un peso saludable.

— Habitualmente, aquellas personas a las que popularmente se conoce como ‘glotonas’ o ‘voraces’, “comen más allá de lo determina su sensación fisiológica de hambre, movidas por estados emocionales como el estrés, la ansiedad, la tristeza, el aburrimiento, o debido a aprendizajes previos”, explica Dhondt.

— “Cuando la persona interpreta su conducta de comer en exceso como un fallo moral, en vez de como un comportamiento modificable, se activa un círculo de sentimientos de culpa y vergüenza que implica malestar, mayor riesgo de comer de forma descontrolada y emocional, y más culpa”, señala este experto.

Para apoyar al paciente no hay que estigmatizar la comida sino fomentar que se haga consciente de porque comen en exceso. Foto: Rawpixel 123RF.

Para apoyar al paciente no hay que estigmatizar la comida sino fomentar que se haga consciente de porque comen en exceso. Foto: Rawpixel 123RF.EFE

El hábito de comer alimentos y bebidas en exceso sin moderación ni control con apetito desordenado, conocido como gula, es de acuerdo con la tradición cristiana, uno de los siete pecados capitales, que son fuentes de otros pecados y Santo Tomás de Aquino definió como "aquellos vicios a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada", según los especialistas.

La gula, a diferencia de los otros pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, pereza, envidia e ira), es un pecado simpático por doméstico, mediocre y común. Escuchamos esa palabra pensamos automáticamente en un bodegón flamenco", según el escritor y gestor editorial y cultural Manuel Mateo Pérez.

Sin embargo, aunque puede presentarse como una forma agradable y benévola de disfrutar de la vida, la glotonería se encuentra en la raíz de otros vicios, y además presenta la misma dinámica de comportamiento de otros vicios como beber en exceso o la adicción a sustancias, según apunta el jesuita y filósofo italiano Giovanni Cucci, en ‘La Civiltà Cattolica’.

Cuando las emociones nos impulsan a comer de más.

“Es importante precisar que en psicología no hablamos de ‘gula’ en términos morales”, señala en una entrevista con EFE, Nicolas Dhondt, psicólogo clínico y neuropsicólogo, especializado en trastornos de la conducta alimentaria, del equipo de Yazen, plataforma digital que proporciona herramientas para conseguir y mantener un peso saludable (www.yazen.com).

La conducta alimentaria desregulada o alimentación emocional o impulsiva, llamada ‘gula’, puede corregirse. Foto: Wayhomestudio/Freepik.

La conducta alimentaria desregulada o alimentación emocional o impulsiva, llamada ‘gula’, puede corregirse. Foto: Wayhomestudio/Freepik.EFE

Los psicólogos hablamos “de conductas alimentarias desreguladas o de ingesta emocional o impulsiva”, aclara.

Explica que “se trata de patrones en los que la persona come más allá de su sensación fisiológica de hambre, habitualmente movida por estados emocionales como el estrés, la ansiedad, la tristeza, el aburrimiento, o a su vez debido a aprendizajes previos”.

Dos raíces psicológicas frecuentes de la llamada gula, glotonería o voracidad son la regulación emocional ineficaz, en la que la comida se convierte en una herramienta rápida para calmar malestar, y los condicionamientos aprendidos, ya que desde la infancia la persona asocia comida con premio, consuelo o celebración, de acuerdo con Dhondt.

Esta conducta alimentaria también suele enraizarse en una “restricción excesiva previa” (seguir dietas muy rígidas puede generar episodios posteriores de pérdida de control) y en la autoexigencia y el perfeccionismo (un comportamiento de tipo ‘todo o nada’ favorece los atracones tras pequeños deslices), según especifica.

El psicólogo de Yazen subraya que “este comportamiento no es un ‘vicio’, sino una respuesta aprendida que puede modificarse con acompañamiento profesional y con educación en hábitos saludables”.

Un comportamiento que se puede trabajar y mejorar.

En lo referente al tratamiento psicoterapéutico, Dhondt sostiene que “para apoyar al paciente no hay que estigmatizar la comida sino fomentar “que se haga consciente de cuándo está comiendo por hambre y cuando está utilizando la comida para compensar algún aspecto emocional”, enfatiza.

Considerar el consumo excesivo de comida como un vicio o fallo moral, genera sentimientos de culpa y vergüenza. Foto: Stefamerpik/Freepik.

Considerar el consumo excesivo de comida como un vicio o fallo moral, genera sentimientos de culpa y vergüenza. Foto: Stefamerpik/Freepik.EFE

Asevera que “en una persona creyente católico, el componente moral puede añadir una capa adicional de culpa o vergüenza, emociones que paradójicamente aumentan en el riesgo de que coma de forma descontrolada”.

“Cuando la conducta se interpreta como un fallo moral, que forma parte de la identidad de la persona, en lugar de como un comportamiento que ésta puede trabajar y mejorar, se activa un círculo de sentimiento de culpa que implica malestar, ingestión emocional y más culpa”, recalca.

La tradición cristiana considera a la gula como un pecado capital, pero “también habla de compasión, templanza y cuidado del cuerpo” por lo que “hacer hincapié en estos conceptos para reformular el enfoque terapéutico hacia el autocuidado responsable, en lugar de hacia el castigo o la culpa, suele ser mucho más constructivo”, argumenta.

“La salud no se alcanza desde la autocondena, sino desde la conciencia y el equilibrio”, enfatiza Dhondt, que propone a continuación tres estrategias de autocontrol que una persona puede aplicar cuando le surge un impulso de comer vorazmente o con glotonería, con el fin de aplacarlo o desactivarlo.

1. La “pausa consciente” de 5 minutos

“Antes de comer impulsivamente, detente cinco minutos y pregúntate: ¿Tengo hambre física o emocional?, ¿Qué emoción estoy sintiendo ahora?; ¿Qué otra acción podría ayudarme además de comer? Muchas veces, el simple hecho de introducir una pausa reduce la intensidad del impulso” explica.

2. Técnica de sustitución saludable

“Si una emoción, como el estrés o el aburrimiento, te impulsa a comer, es útil que tengas previstas aplicar algunas alternativas, como dar un paseo corto; llamar a alguien de confianza; practicar la respiración diafragmática; o tomar una infusión caliente y sentarte sin distracciones”, recomienda.

“No se trata de que te autoprohibas la comida, sino de que amplíes tu repertorio de respuestas ante el impulso de comer emocionalmente, para lo cual puedes consultar a un especialista”, añade.

3. Construcción de hábitos estructurados.

“La prevención es clave. Mantener horarios regulares, incluir proteína y fibra en las comidas principales y evitar largos periodos de ayuno reduce significativamente los episodios de voracidad.

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