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Edición San Valentín

Cómo esta pareja estuvo a punto de perderlo todo y logró reformar su matrimonio con una promesa

Diecisiete años después -siendo polos opuestos, con dos niñas, una separación y una reconciliación en el camino- siguen juntos y contaron su historia al periódico Hoy en la edición de San Valentín.

Familia Alcalá Espinal

Familia Alcalá Espinal

Merilenny Mueses
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“Hola, ¿cómo estás? Tú serás mi esposa. Y si algún día quieres separarte de mí, que sea después de los 88 años”.

Así, sin rodeos, comenzó Daniel Alcalá a escribir su historia con Milfred Natividad Espinal el 13 de diciembre de 2009. En ese entonces, la esperanza de vida rondaba esa edad y él tenía un sueño claro: permanecer juntos hasta el final.

Lo dijo convencido. Ella no lo tomó tan en serio.

Diecisiete años después -siendo polos opuestos, con dos niñas, una separación y una reconciliación en el camino- siguen juntos y contaron su historia al periódico Hoy en la edición de San Valentín.

Familia Alcalá Espinal vestidos  del mismo color en una visita a la iglesia

Familia Alcalá Espinal vestidos  del mismo color en una visita a la iglesiaFoto cedida al periódico HOY

La noche en que todo empezó

La cupido fue Wilmarys Espinal, quien organizó una reunión familiar con primos de ambos lados. Allí se conocieron Naty y Danielito, como se llaman de cariño.

“Yo le dije que sí, que iba a ir con el compromiso de que iba a buscar mi esposa ahí y así mismo se hizo”, recordó él.

Daniel llegó decidido. Abrió la puerta y anunció: “Vine a buscar a mi esposa”. Un hermano y un primo de Natividad lo miraron sorprendidos. Ella estaba en la cocina, preparando la cena. Sacó la cabeza y él dijo: “Ah, ya la encontré”.

Daniel Alcalá, Natividad Espinal y su hija Daniela de 16 años

Daniel Alcalá, Natividad Espinal y su hija Daniela de 16 añosFoto cedida al periódico HOY

Se acercó y le preguntó su nombre. Ella respondió que era la cocinera. Él replicó: “Yo soy su ayudante”.

Esa pequeña interacción los llevó a conversar bajo las estrellas. “Fue la mejor noche de mi vida”, afirmó Alcalá. “Cuando la vi por primera vez dije que sería mi esposa, tenía mi proyecto”.

Pero para Natividad no fue tan inmediato. No lo veía como un prospecto de pareja. Sin embargo, Daniel no perdió el norte: consiguió su número, la llamaba, le escribía y la invitó a salir.

Fotografía navideña de la familia Alcalá Espinal

Fotografía navideña de la familia Alcalá EspinalFoto cedida al periódico HOY

El proyecto siguió en pie.

Polos opuestos

Son distintos en casi todo.

A Daniel le gusta lo salado; a Natividad, lo dulce. Ella es maestra. Él pertenece al sector aeronáutico.

En la crianza de sus dos niñas también difieren. Daniel apuesta por la autonomía y la supervivencia; Natividad cree en proteger, formar y resguardar. En lo económico, ella es estructurada y planificada; él es más espontáneo. Por eso, ella lleva las finanzas del hogar.

Fotografía de la familia Alcalá Espinal

Fotografía de la familia Alcalá EspinalFoto cedida al periódico HOY

¿Quién pone el orden en la casa?

Ambos, porque ella lo ordena y yo lo cumplo”, respondió él sin titubeos. Ambos se carcajearon, en sintonía, risueños y agarrados de mano. 

¿Quién manda?

“Yo soy el que mando, pero da el caso de que en el 100% de las cosas estoy de acuerdo con ella”, bromeó.

Aunque son diferentes, Natividad lo resume con una frase sencilla y firme: “El amor cubre todas las faltas”.

Fotografía de la familia Alcalá Espinal en la iglesia

Fotografía de la familia Alcalá Espinal en la iglesiaFoto cedida al periódico HOY

Cambiar por amor

Hay una frase popular que dice: “El que te quiere no te cambia”. Ellos no están completamente de acuerdo.

Para que el amor funcione, creen que ciertos aspectos deben moldearse. No se trata de anular al otro, sino de adaptarse para convivir mejor.

“Hemos trabajado mucho en nuestras personas, no por cambiar la personalidad del otro, sino por cosas del entorno cultural en el que hemos crecido o de la formación que hemos tenido. Para adaptarnos sí hemos tenido que cambiar”, expresó Espinal.

“Si yo sé que te molesta algo, aunque yo sea así, tengo que cambiarlo”, añadió Alcalá.

“He dejado de ser tan controladora, peleona”, reconoció ella.

El punto de quiebre

Pero no todo fue romántico.

“Los matrimonios son difíciles. Son compromisos que tú asumes con una persona distinta a ti. Nosotros sí hemos estado separados. Hemos estado distanciados en la misma casa”, reveló Natividad.

Fue “una secuencia de muchas cosas” que los llevó a discutir, a convivir bajo el mismo techo sin cercanía y luego a separarse temporalmente.

“Para mí lo más difícil fue que yo entendía que me había casado para toda la vida. No asumía un escenario donde él no esté”, confesó.

Fotografía de la familia Alcalá Espinal

Fotografía de la familia Alcalá EspinalFoto cedida al periódico HOY

Para Daniel, hombre de fe cristiana que no tomaba alcohol, el quiebre lo llevó incluso a eso.

“Yo lloraba todos los días. A mí nunca me ha gustado el alcohol y yo tomé en ese momento. Me amargaba”.

La ruptura no solo fue física. Fue emocional.

Volver a intentarlo

¿Cómo salieron de ahí?

Según Espinal, el primer paso fue trabajar en sí mismos, asumir responsabilidades y tener la convicción de que el escenario podía cambiar para bien.

Daniel, aun separados, no dejó de estar presente.

“Desde el principio de nuestra relación a mí me gusta agradar a mi esposa, yo hago las cosas por agradarla. Nosotros estábamos separados, pero yo nunca me descuidé de ella”.

Le llevaba el desayuno, la buscaba y recogía del trabajo, permanecía atento a sus necesidades.

Hasta que un día decidió hablar y poner fin a la distancia que los atormentaba. 

Reflexionó sobre lo que hacía mal, le señaló lo que ella también debía trabajar y le propuso algo concreto: mejorar por ellos y por sus niñas.

Vamos a darnos una segunda oportunidad”, le dijo.

Después lo pusieron en oración.

Fotografía de la familia Alcalá Espinal

Fotografía de la familia Alcalá EspinalFoto cedida al periódico HOY

Dios, aseguran, ha sido la base de su relación. Y no conciben estar separados. "Si me quiere dejar, tendrá que ser después de los 88",bromeó  Alcalá.

Un proyecto compartido

Hoy se impulsan mutuamente.

“En cuanto a lo educativo, mi motor, mi mano derecha y la única que me ha ayudado a llegar donde estoy ha sido mi esposa. Estoy donde estoy profesionalmente ha sido mi esposa”, dijo Daniel, mirándola con ilusión.

Cuando se conocieron, ella era licenciada con un postgrado y él era guardia. Hoy él es despachador de vuelos e inició su carrera de piloto.

“Él también siempre ha estado apoyándome y creando los escenarios para que yo pueda hacer las cosas que a mí me gustan”, expresó Natividad.

Han cambiado. Han cedido. Han aprendido.

Y, después de diferencias, distancias y reconciliaciones, concluyen que en esta y en mil vidas más, se volverían a elegir, porque la promesa de los 88 años sigue en pie. 

Sobre el autor
Merilenny Mueses

Merilenny Mueses

Licenciada en ComunicaciónSocial, graduada Magna Cum Laude. Apasionada por contar historias que inspiran y conectan. Creo en el poder de las palabras para transformar realidades y enlos atardeceres como recordatorio de que la belleza de lo simple es majestuosa.

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