Página Abierta del Banco Central
La depreciación y el nuevo estatus del mercado
Una depreciación de 3.13 %, apoyada en jugosas reservas internacionales, luce ordenada, creíble y poco riesgosa, especialmente en un contexto global volátil.

La depreciación del peso fue menor en 2025 a pesar de que el BC intervino menos.
El hecho de que la depreciación del peso fuera de sólo 3.13% en 2025 (en 2024 había sido de 5%), no obstante la anunciada reclasificación del mercado de divisas de flotación sucia a limpia flotación – hecha por la última misión del FMI que visitó el país-, nos lleva a la lectura de que estamos más abiertos a la flexibilización del mercado.
Eso no significa que estemos preparados dar el salto de golpe. Pero, sin dudas, depreciaciones moderadas son un movimiento saludable que asegura lineamientos reales del tipo de cambio y que se den tras el anuncio del cambio de clasificación hecha por el FMI, son reveladoras de que el mercado cambiario está permitiendo más flexibilidad y que el Banco Central está respondiendo con menos menos intervenciones que en tiempos superados.
Obviamente, dar el salto de flotación sucia a flotación libre, no es algo que, para que sea seguro, se consigue por resolución –eso lo sabe el FMI-, sino que es un proceso que requiere de muchos cambios, que deben producirse manera gradual. Y requiere de varias condiciones: inflación anclada y creíble, mercado cambiario profundo (volumen, liquidez, participación privada activa) e instrumentos de cobertura (forwards, swaps) para que empresas e intermediarios gestionen riesgos, baja dolarización financiera y deuda pública externa manejable, reglas fiscales creíbles que reduzcan riesgos de ataques especulativos y comunicación clara del banco central para que el mercado tolere la volatilidad “de dos vías.
En muchos de estos aspectos el país ha avanzado, pero se requiere hacer más. Y es estimulante que los agentes económicos perciban que estamos en ese camino, según reflejan las depreciaciones moderadas, que vienen acompañadas de un bajo riesgo de saltos bruscos del dólar, menor probabilidad de crisis de balanza de pagos, ausencia de riesgo de default en moneda extranjera, entorno previsible para contratos y financiamiento.
Una depreciación de 3.13 %, apoyada en jugosas reservas internacionales, luce ordenada, creíble y poco riesgosa, especialmente en un contexto global volátil y adverso. Y eso es lo que importa.