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Aniversario

Estrés postraumático ante la tragedia del Jet Set

Fue una tragedia colectiva, donde la respuesta y la ayuda se sintió en diferentes direcciones, donde se vivió la solidaridad, el altruísmo, la bondad, la reciprocidad de cientos de voluntarios socorriendo y acompañando a familiares y heridos.

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Hace un año de aquella madrugada trágica, del desplome de la discoteca Jet Set, donde más de 236 personas perdieron la vida, 189 heridos y politraumatizados, donde decenas de personas sobrevivieron durante días debajo de escombros; cientos de familias fueron impactadas directamente y toda una ciudadanía entró en duelo y angustia colectiva.

Dolor, duelo y sufrimiento, eran las mayores demandas en salud mental en semanas y meses después de la tragedia; acompañada de episodios de depresión, trastorno del sueño, ansiedad y angustia ante las pérdidas de forma traumática. Pero, no todos tenemos las mismas respuestas emocionales ni adaptativas frente a un mismo trauma; cada persona vive su duelo de forma diferente, lo expresa, se deja acompañar, lo manifiesta y le construye diferentes respuestas para poder entenderlo, asimilarlo o superarlo.

Un años después, hay un efecto de reexperimentación, donde algunas personas van a vivir recuerdos invasivos o pesadillas relacionadas con el trauma. Otras personas optarán por la evitación o el aislamiento social, por el miedo a lugares cerrados, sobre todo los que quedaron atrapados por horas o días.

Sin embargo, el estrés postraumático produce alteraciones psicológicas y emocionales como: ansiedad constante, nerviosismo, irritabilidad o enojo, sentimiento de culpa, de minusvalías y de insuficiencia; además, desregulación emocional, dificultad para sentir emociones positivas o sentimientos de inutilidad y falta de propósitos en la vida.

También se experimenta la sensación de estar en hiperalerta, con miedo o temor, con dificultad para dormir, lograr relajarse, sobre todo en horas de la noche, donde suelen llegar los pensamientos rumiantes de la tragedia.

Solo la empatía emocional y social ayuda a entender el dolor y sufrimiento de los padres, parejas, hijos, hermanos y familiares que perdieron seres queridos, de los politraumatizados que perdieron piernas, brazos, visión o quedaron con alteraciones conductuales por el daño cerebral.

Fue una tragedia colectiva, donde la respuesta y la ayuda se sintió en diferentes direcciones, donde se vivió la solidaridad, el altruísmo, la bondad, la reciprocidad de cientos de voluntarios socorriendo y acompañando a familiares y heridos.

Cada mes, cada semana, cada día y cada aniversario, se activan las amígdalas cerebrales, el hipocampo, el sistema límbico y la corteza prefrontal para recordar esa terrible madrugada, la mañana y los días siguientes, esperando una noticia de las personas atrapadas o que se encontraban en cuidado intensivo de un hospital.

La agonía de buscar desaparecidos en la lista de fallecidos, personas politraumatizadas con heridas graves se convirtió en estrés agudo y crónico para cientos de familias.

Ahora, un año después, hay que seguir acompañando, entender el duelo y el dolor, ayudar con la oración, con la ayuda profesional, con la psicoterapia, la medicación, la construcción de resiliencia y en el perdón para sanar y continuar con la vida.

La familia traumatizada necesita el acompañamiento de toda la sociedad. Necesitan sentir la solidaridad en su reclamo de justicia, la empatía y del amor ante una tragedia que deja traumas de por vida y discapacidad social y personal. El desastre y derrumbe del Jet Set, le cambió la vida a cientos de personas. Los seres humanos podemos salir adelante y levantarnos del dolor y el sufrimiento para aprender a través de la autocompasión, la misericordia, la bondad y la esperanza, en fin, continuar con los propósitos y sentido de vida después del trauma.

Sobre el autor
José Miguel Gómez

José Miguel Gómez

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