Pagar deudas
Prisas legislativas
La prisa siempre ha sido mala consejera, sobre todo en materia legislativa, lo que volvió a confirmarse con la aprobación en el Congreso Nacional de la ley que ordena al Estado pagar deudas atrasadas de miles de millones de pesos por obras públicas que se construyeron sin contrato.

Congreso Nacional
Prisas legislativas.- La prisa siempre ha sido mala consejera, sobre todo en materia legislativa, lo que volvió a confirmarse con la aprobación en el Congreso Nacional de la ley que ordena al Estado pagar deudas atrasadas de miles de millones de pesos por obras públicas que se construyeron sin contrato, observada y devuelta por el presidente Luis Abinader a la Cámara de Diputados, que la aprobaron de urgencia en dos lecturas consecutivas, y saltándose trámites tan elementales como su envío a una comisión para su estudio y ponderación. No es la primera vez que nuestros legisladores aprueban un proyecto de ley a la carrera, como caña para el ingenio como se decía antes, y muchas veces sin ni siquiera leerlos; y algunos han tenido el descaro y la desfachatez de reconocerlo públicamente, parapetados detrás de la cínica coartada de que se trató “de una línea bajada” por el partido político al que pertenecen.
Lo que quiere decir, para que nos pongamos claros antes de continuar con esta columna, que no hay nada inocente o fortuito en esa forma atropellante y ligera de aprobar leyes, una práctica perversa que ha provocado daños imposibles de calcular a nuestra institucionalidad, pero también a la credibilidad y la confianza que debe inspirar en los ciudadanos un poder del Estado como el Congreso Nacional. Algo que debería preocupar, y mucho, a una democracia que quiera preservar sus esencias y su funcionalidad. Lamentablemente las dirigencias de nuestros partidos, que deberían ser los más interesadas en mejorar la calidad de sus representantes, han desertado de esa responsabilidad. Por eso puede señalárseles como las principales promotoras de su cualquierización, pues los parámetros para determinar quién ocupa una candidatura no son las capacidades técnicas o profesionales del aspirante, o su compromiso con su comunidad, sino los recursos (tampoco importa de dónde sale el dinero) conque cuenta para financiar campañas ausentes de propuestas y contenidos.