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Salud mental

Una propuesta al sector religioso y gubernamental

Una cosa es cierta: los psicólogos y los psiquiatras no son los únicos responsables de trabajar con personas con depresión.

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Estaba escuchando un conjunto de inquietudes y expresiones en un programa radial; aquí menciono algunas de ellas:

«¡Señores, qué es lo que está sucediendo! ¡El gobierno debe poner psicólogos! ¿Será algo espiritual? Creo que ese lugar tiene una influencia demoníaca. El presidente debe construir un centro para recibir personas con depresión y así brindarles asistencia. La sociedad está enferma y necesitamos que los psicólogos aporten de forma voluntaria parte de su tiempo para asistir a la población».

Más que un escrito, esta es una propuesta dirigida a los sectores que pueden articular, de forma sana y sin politización, una atención más orgánica a las personas que están sufriendo depresión. No podemos dejar todo en manos del gobierno, especialmente en una sociedad que no posee una cultura de continuidad.

Una cosa es cierta: los psicólogos y los psiquiatras no son los únicos responsables de trabajar con personas con depresión. Desde el mismo ámbito profesional se han creado diplomados para formar y entrenar a personas como consejeros. Recuerdo que el psiquiatra José Dunker, junto al doctor Pedro Savage, iniciaron un diplomado en Terapia Familiar; ellos comprendieron que la tarea de consejería era muy desafiante y que se requerirían varios técnicos y guías consejeros para responder a la gran demanda.

Precisamente aquí entra la propuesta, y espero que sea tomada en cuenta. Esta es solo una idea que puede ampliarse para lograr mejores resultados. A continuación, los pasos de la propuesta:

Estar conscientes. Todos sabemos que en la República Dominicana existe una necesidad de atender a las personas con depresión; no es una percepción, es un hecho visible y cuantificable.

El presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, a través del organismo correspondiente, debe hacer un llamado a todas las iglesias —católicas, evangélicas, adventistas, testigos de Jehová, mormonas, entre otras— para que abran un espacio en sus iglesias locales o de forma virtual, donde las personas puedan llamar a una línea telefónica de emergencia.

Los consejeros o consejeras deben ser nombrados por las autoridades de cada iglesia; deben ser voluntarios y estar certificados por instituciones que ya cuenten con acreditación. Un ejemplo de esto es el Instituto Médico Psicológico de Atención a la Familia (IMAFA).

Propongo que José Rafael Dunker, Fiordaliza Duarte de Dunker, Telésforo González Mercado y Leonidas Heredia sean considerados como el equipo para darle forma y articular dicha propuesta. Son personas expertas en la materia, están retiradas, no buscan lucrarse del sistema y están abiertas a trabajar con todas las iglesias, sin importar su credo.

Implementar esta estructura orgánica genera ventajas como las siguientes: no se crean nuevas estructuras dirigidas únicamente por el gobierno; la continuidad no depende exclusivamente de la gestión gubernamental; se fortalece la cohesión social y la participación ciudadana. Cada municipio puede contar con más de cinco locales eclesiásticos para recibir llamadas de emergencia de personas en crisis. Además, se pueden utilizar las mismas plataformas (secretarías, números telefónicos, etc.) que ya poseen los templos.

La conclusión es clara: el país necesita ver que las iglesias no solo existen para cantar y escuchar una prédica los domingos o los sábados. Las iglesias forman parte de las esferas sociales. Es tiempo de enfrentar los problemas de la sociedad dominicana articulando y movilizando las riquezas y valores que poseen todas ellas. Sabemos que existen diferencias teológicas; pero una persona que está considerando suicidarse no está pensando en teología sistemática, sociología o antropología, ni en si es católica o adventista; está pensando en cómo salir de ese charco emocional.

Quiero dejar por escrito que esta propuesta no es mi idea, me gusta copiar lo que ya está funcionando, varias instituciones religiosas ya tienen una línea de emergencia para evitar el suicidio, un ejemplo es la Iglesia Amor a Quisqueya del municipio de Jarabacoa y en Cotuí. Estoy seguro que existen más templos con línea de emergencia. Señor presidente, use lo que ya existe. Sacerdotes, pastores y líderes religiosos: es mejor dar que recibir.

Sobre el autor
Samuel Luna

Samuel Luna

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