La Voluntad Humana
Último bastión para la armonía entre los pueblos en una era de descomposición normativa
Como todo sistema político y partidario, hay esquemas que llegan a un estado de decadencia

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En un mundo globalizado e interconectado, la arquitectura de la paz y la cooperación internacional se erigió durante décadas sobre un principio fundamental: la primacía del derecho y de los acuerdos colectivos. Los tratados internacionales, las convenciones y las normas multilaterales nacieron como herramientas para trascender la ley del más fuerte, estableciendo un código de conducta común que protegiera a los más vulnerables, regulara las relaciones entre Estados y promoviera bienes globales como los derechos humanos, el medio ambiente y la seguridad colectiva.
Sin embargo, el panorama actual nos enfrenta a una realidad incómoda y peligrosa: la creciente erosión de ese orden basado en normas. La violación flagrante de tratados, la retirada estratégica de acuerdos históricos, la interpretación sesgada del derecho internacional y la búsqueda sistemática de excusas –desde la “seguridad nacional” hasta el “interés público”– para evadir obligaciones, se han normalizado hasta convertirse en herramientas de política exterior de algunos Estados. Esta tendencia no es solo un problema jurídico o diplomático; es, en esencia, una crisis de voluntad política y humana.
La Fragilidad del Papel y la Fuerza de la Voluntad
Un tratado, por sí solo, es letra muerta. Su poder no reside en la tinta, sino en el compromiso ético y la voluntad política de cumplirlo. Las instituciones internacionales, por más sólidas que parezcan, son el reflejo de la voluntad colectiva de sus miembros. Cuando esa voluntad se desvanece, las instituciones se vacían de contenido, quedando como cáscaras burocráticas incapaces de frenar los abusos.
La normalización de la evasión de normas señala un preocupante retorno a un paradigma donde el interés nacional cortoplacista y la soberanía entendida como impunidad se anteponen al bien común global. Se instrumentaliza el derecho: se invoca cuando conviene y se ignora cuando estorba. Este pragmatismo sin brújula ética, genera un efecto dominó de desconfianza, donde cada incumplimiento legitima el del otro, alimentando una espiral de confrontación y anomia internacional.
La Dependencia Crítica de la Voluntad Humana
En este contexto, la armonía entre los pueblos depende, más críticamente que nunca, de un factor humano profundo y frágil: la voluntad consciente de cooperar, de respetar la palabra dada y de reconocer una comunidad de destino compartido.
Ante una parte de la población eufórica arropada por narrativas que sólo llevan al odio y la división extrema e irracional, tratar de ser sensato/a es un desafío extraordinario.
Como todo sistema político y partidario, hay esquemas que llegan a un estado de decadencia, como cuando un mismo grupo gobierna por períodos consecutivos sin permitir el relevo natural de su entorno, lo cual incurre en una situación donde lo que prima es prolongar la resistencia, hasta que se le haga un hueco al barco o se pare el motor de una ala del avión.
Empezamos este 2026 con el apresamiento de Nicolás Maduro y todo lo que esto provoca, alegría para unos y tristeza para otros, mientras que un grupo de personas menos extremistas observamos el significado de la acción ocurrida y sentimos el peligro una regresión histórica, donde el remedio, a todas luces, parece ser peor que la enfermedad y que Latinoamérica vuelve a los tiempos en el que Ruben Blades cantaba “Tiburón que Buscas en la Orilla”.
El gran temor es que esa voluntad de mantener reglas que respeten la dignidad y la soberanía de los pueblos, deje de existir completamente, y que bajo el poder supremo de Rusia, China y Estados Unidos se reparta el planeta, de manera que, con el tiempo, la degradación humana siga creciendo producto de la concentración de dicho poder, tal como se puede observar en películas de ciencia ficción.
Europa, donde hasta líderes representantes de la extrema derecha condenan la manera en que Estados Unidos apresó a Nicolás Maduro, observa cómo se empequeñecen ante dichas potencias, quizás comprendan como la normalización de la violación de tratados es la señal de alarma más clara de que esa voluntad colectiva, que en un momento dado mejoró la coexistencia de los países en el planeta, se está agotando y que, de seguir así, ya veremos si realmente son tan poderosos como se dibujan en el atlas mundial.
Respecto al destino de Venezuela, si analizamos las palabras del Presidente Trump; el petróleo ha sido el protagonista de sus declaraciones y este pasará a ser administrado por empresas estadounidenses, y además, nos confunde diciendo que María Corina Machado (líder de la oposición venezolana), no cuenta con el respeto ni la fuerza para dirigir el país, lo cual, resulta hasta risorio, por la relación amigable y de mutuo apoyo que se han demostrado ambos, además, supuestamente el partido de la María Corina con su candidato Edmundo González había ganado ampliamente las últimas elecciones presidenciales y fueron víctimas de un fraude colosal.
En fin, esta situación dará mucha tela que cortar, Latinoamérica se ve hoy nuevamente obligada a ser servil ante el “imperialismo Yanqui”, palabras que para la mayoría estaban obsoletas, y hay muchas personas felices bajo la frase de que “el fin justifica los medios”.
Ya veremos.