Creación
Carlos Baret en el Centro Cultural Perelló
Un artista joven se identifica con el Caribe y lo expresa en distintas categorías y metamorfosis. Carlos Baret, presenta una exposición impresionante

Carlos Baret, “Interferencias del azul”.
Cada visita al Centro Cultural Perelló es un deleite, que empieza por la arquitectura de Pedro Borrell. La podríamos considerar una gigantesca y magnífica instalación, donde se suceden pabellones, vinculados por pasarelas, sin que falten porciones de vegetación y apertura hacia el cielo. La institución cultural, dirigida admirablemente por Julia Castillo, agrega a los encantos del arte – y de las artes-, un propósito educativo y una función geográfico-social de comunicación con Baní y la región, además de destacar su importancia.
La Sala de Exposiciones es probablemente la mejor del país, no solamente por su dimensión y unidad, sino también por las adaptaciones museográficas a las cuales se presta exitosamente. Luego, hay, en la parte posterior del Centro, otros espacios que pueden ser portadores de obras a exponer.
Actualmente, expone Carlos Baret, artista contemporáneo joven, polifacético en su creación. Su extensa muestra a sido curada por Amable López Meléndez, y las obras se exhiben fundamentalmente en la Sala especializada, mientras unas cuantas fueron colocadas en un espacio adicional. El título de la exposición es hermoso y algo sibilino: “Vínculos transparentes”.
Carlos Baret, un artista ascendente
Procesos y resultados de un oficio ya apasionado se suceden: no solamente presentan obras excelentes- unas más ligeras y pequeñas, otras de gran dimensión y dispuestas en políptico. Son evidencias certeras, de plenitud y fecundidad, casi increíbles de parte de un artista tan joven. Más que documento e identificación, si leemos el texto de Carlos Baret, hay un propósito orientador para que lo disfrute el público y este acompañe la creación visual.
Cuando nos referimos a su éxito ascendente, es porque Carlos Baret, un poco apresuradamente, ganó un Premio en la XXVIII Bienal Nacional, y otro galardón, este muy merecido, en el Segundo Concurso de Arte del Museo Bellapart.
La labor de investigación y los hallazgos resultantes obviamente han tomado varios años, y su valor confirmado es simultáneamente un tributo al Caribe, a los propios orígenes y afinidades del artista. Tanto el nivel como la originalidad definen una personalidad extraordinaria, a una edad en la que muchos artistas todavía se buscan o se apropian el trabajo de otros, mayores.
Una conmoción
Fue una conmoción… y, desde la entrada, vemos, en una etapa frontal, cómo vibran, unas tras otras, las pinturas. Es que el dominio matérico y dotes excepcionales permitieron a Carlos Baret realizar, con una asombrosa facilidad técnica, aquellos ensamblajes, estructuras y construcciones muy personales, frutos de la identidad constantemente trabajada. Así mismo lo dice: “Cada obra nos sitúa ante la paradoja de la conexión desde las fracturas. Los hilos que entretejen el Caribe contemporáneo, se retuercen inquietos, revueltos y deslumbrantes”.
No nos cabe duda: Carlos Baret es un poeta, y por cierto titula como “Poética” sus palabras en el catálogo.
Resalta entonces una iconografía muy propia, un mundo a la vez visible e invisible, verosímil e inverosímil, que se aprecia, prolongando la mirada, observando, y hasta analizando su evolución para quien la conoce.
Carlos Baret elabora su cultura primigenia, se sumerge en ella: la pasión de pintar sus “sortilegios” criollos se hace irresistible. Nos consta que el discurso estético de Carlos Baret, que empezó a definirse exitosamente hace más de diez años, fusiona lo bello y lo extraño, en un conjunto plástico, introspectivo e imaginario, cuidadosamente construido en dos y tres dimensiones, muy bien montado por Jelpis Peguero.
Pinturas, esculturas, instalaciones
Si todos los cuadros lucen interesantes y se destacan, en su mayoría como memorables, algunos concentran las miradas, a la vez referentes y enigmáticos. Citaremos la especie de claroscuro mágico de “Interfases del Azul”, como fusiona el contraste, la luz y el tiempo, la geometría y hasta los planos, “obligándonos” a verlo y a volver hacia él …
Ahora bien, nos parece que, todavía en la categoría pictórica, la técnica y el procedimiento más singulares de Carlos Baret son sus “pinturas ampliadas”, que integran otra dimensión pero con una segunda tela pintada y recortada en tiras largas e iguales, fijadas en el lienzo de base. Así hay varias obras, semejantes y distintas, y el artista incorpora estos recortes, los une, los superpone en la superficie inicial para formar una nueva composición y nuevos efectos cromáticos: llaman poderosamente la atención y casi siempre seducen. Como si un tapiz pictórico estuviera preconcebido.
Luego, descubrimos a un Carlos Baret, talentoso escultor, que amontona, eleva, masifica elementos y materiales, impredecibles en la tradición escultórica. Y la pieza tridimensional, realmente fascinante, es una instalación colgante, de varios metros de extensión, que quisieramos dotar de movimiento, y nos encanta también por la riqueza de sus colores. Ciertamente, Carlos tiene el futuro abierto como instalador, lo que no sucede a menudo.
Coda
Finalmente, esta exposición fuera de lo común en su densidad y calidad, enseña que la obra de Carlos Baret transmite una visión personal y colectiva de su condición caribeña, como fuente de creación, como “clamores visuales” de rebelión, de protesta, de orgullo, en dos y tres dimensiones sin dogmatismo. De estos “Vínculos transparentes” no nos queremos liberar.