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Ossaye Casa de Arte es el sitio idóneo para exposiciones de pintura y dibujo. Acogedor y familiar —siendo la casa de su gestora e ideóloga—, requiere pocas obras, pero de índole especial e íntima sobre todo. “Resurrección en súbitos placeres”, que corresponde perfectamente a estas exigencias —o al menos preferencias nuestras—, causa sorpresa desde su título, su propuesta y su autor.

Ansiamos ver una muestra de Rafael Álvarez: residente en Estados Unidos y muy exitoso arquitecto de interiores, desde hace años no exponía en Santo Domingo. “Resurrección en súbitos placeres” es para quienes han conocido la obra desde sus inicios de artista emergente, una “resurrección” y un “placer”, si nos permitimos un juego de palabras…

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No acostumbramos disfrutar esta clase de muestra, que no solo da fe de cultura artística sino que se nutre de ella para crear la obra personal. Tal vez nutrirse no es el término adecuado, pues Rafael Álvarez reinventa pictóricamente “delirios” seculares: carnales de Pedro Pablo Rubens, gráficos del Ukiyoe japonés. Los transforma y nos restituye ambos talentos simultáneos que siempre le hacen (a)preciar: el color en una pintura lujuriante, el blanco y negro en un grabado virtuoso.

El temperamento del autor y su permanente residencia en una “meca” del arte, si aclaran su entusiasmo, corresponden a formulaciones insólitas en el arte dominicano: nos vamos a referir sucesivamente a una interpretación tan atractiva.

HOMENAJE A RUBENS

Todos los artistas son seres pensantes… pero Rafael Álvarez sobresale en ese contexto, meditando tanto acerca del Arte mayúsculo históricamente, como de su propia obra y su desarrollo, valorando también la mirada receptiva, o sea nuestra lectura y la afinidad con su creación. ¡Evocando un diálogo entre quien hace y quien recibe, no se equivoca! De la primera ojeada a esta “secuencia” espectacular, brota una conmoción, global y estremecedora. Muy pronto, la sensibilidad se precisa al reconocer las fuentes, increíblemente clásicas en una pintura contemporánea.

Algo insólito, ya que muy pocos artistas conocen y dominan antecedentes seculares primero, luego abiertamente, finalmente convirtiéndolos en una propuesta personal que varía en cada cuadro. En particular el homenaje a Rubens destaca una obra especial —“Las Tres Gracias”—, después se convierte la figuración hasta una plena metamorfosis. Pero aun la abstracción no descarta un fenómeno de apropiación. ¡Reinventar totalmente es una hazaña pictórica! Estallan aquí la libertad de expresión y la seducción carnal con un refinamiento exquisito, desvelando y revelando el cuerpo femenino, desnudo o semi desnudo… el deslumbramiento físico fundiéndose con la tersura pictórica. Este proceso alcanza la audacia pura y simple: al borrarse las formas, prevalecen entonces tonalidad, textura y sensualidad…

Rafael Álvarez nunca traiciona la exuberancia barroca del ancestral modelo, pero la lleva paulatinamente hasta extremos de ritmos y efectos ópticos. Tanto el espacio, la colocación —más que una composición—, el movimiento, como el canto del color y la luminosidad de matices cálidos inmensos en sombras misteriosas, nos van cautivando, pintura tras pintura, sin que busquemos una relación estilística cambiante. La acogemos, felices.

Ahora bien, no solamente Rubens y el siglo XVII occidental han seducido a Rafael Álvarez para que él nos vaya seduciendo.

Cada obra expuesta —son todas de igual tamaño y enmarcado—, tiene dos partes, idénticas en disposición y dimensión: la primera pictórica, la segunda gráfica. Esta se sitúa en el Japón, referida a una iconografía de maravillosas estampas, realizadas entre los siglos XVII y XIX, y centrada en Edo (así se llamaba Tokio hasta 1868).

‘IMÁGENES DE PRIMAVERA”

El tema del desnudo en las artes visuales, identificado con la vida y el cuerpo humano, se interpreta entonces, acorde con las épocas, las sociedades, las tradiciones, las religiones y con la singularidad del talento. El grabado japonés Ukiyoe, desarrolló esta vertiente de manera singular, a través del “shunga” – llamado extrañamente “imágenes de primavera”–. Representaba cuerpos, casi siempre de ambos sexos que se entregaban a relaciones íntimas: eran deleites carnales, a menudo descritos lasciva y atrevidamente. ¡En reiterados períodos, estuvieron prohibidos, aunque álbumes y estampas sueltas seguían exitosos y circulando! Hoy, todavía asombran. Nos parece que Rafael Álvarez no los altera en su virtuoso dibujo, pero los enmascara —con manchones—, dificultando así la lectura erótica y más… pero, al mismo tiempo, va desarrollando su propia versión gráfica.

Y cuánto disfrutamos al artista como dibujante y grabador. Aquí, de un modo inteligente y fino, a líneas, en blanco y negro, nuestro artista destaca esa habilidad admirable: se convierte en dúo, expresión y goce. Hay amor y humor, juntos.

Además, la construcción del cuadro no cambia, ni en proporciones, ni en dimensiones, ni en estructuras, mientras el contraste entre pintura y dibujo provee animación e incrementa la curiosidad. Aunque las obras sobresalen individualmente, podríamos considerar el conjunto como una serie… a disfrutar en la colección de un museo.

CODA

Si no sobran, bastan muy pocas palabras… En cánones estéticos contemporáneos, Rafael Álvarez perenniza muestras de clasicismo, occidental y oriental, que él alía, transforma y eleva a un nivel exquisito. No tememos repetir que pequeñas exposiciones son grandes exposiciones.

Sobre el autor

MARIANNE DE TOLENTINO

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