Fe
Semana Santa: restableciendo la conexión espiritual
Las festividades religiosas son momentos propicios para el recogimiento, la introspección y la búsqueda de sentido en la vida. Muchas personas las aprovechan para vivir su religiosidad más intensamente, pero a veces estos días puede aparecer una sensación inesperada de vacío o desconexión espiritual. Una psicóloga analiza este fenómeno y explica cómo afrontarlo.

La sensación de desgano o cansancio es una oportunidad para revisar cómo nos relacionamos con nuestra espiritualidad. Foto: Freepik.
"El cansancio o el desgano surgen cuando no conectamos o no entendemos el sentido profundo de una práctica espiritual o religiosa y nos quedamos solo con el objetivo de calmar un estado personal negativo o conseguir nuestro bienestar como único fin”, señala María González, psicóloga de Instituto Centta.
“La sensación de tedio no es un fracaso o una señal de falta de fe o compromiso, sino una invitación a revisar el modo en que vivimos nuestra espiritualidad y a volver a conectar con el sentido más humano y real de la experiencia espiritual: el encuentro con uno mismo y con Dios”, señala González.
“Incorporar la espiritualidad a nuestro día a día, escuchando y ayudando a los demás, y viviendo nuestras acciones con presencia mental y emocional, evita que se convierta en una experiencia aislada o esporádica, favoreciendo una vivencia más coherente y sostenida” de las prácticas religiosas, sostiene.
“La Semana Santa suele ser un momento propicio para el recogimiento, la introspección y la búsqueda de sentido trascendente a nuestra existencia, pero a veces en su búsqueda de silencio y paz interior algunas personas pueden encontrar un cierto grado de ruido mental y de distanciamiento espiritual, explica la psicóloga sanitaria María González.
Durante esos días sagrados para el catolicismo “muchas personas aprovechan para vivir más intensamente su religiosidad, realizar prácticas de meditación o desconectar del ritmo cotidiano con la esperanza de reconectar consigo mismas”, explica González, especializada en psicoterapia integradora, intervención en trauma y terapia EMDR, en el Instituto CENTTA (https://centta.es).
“Sin embargo, algunas personas no siempre consiguen alcanzar la paz o conexión interior que buscan y esperan, y a veces experimentan una sensación inesperada de vacío o desconexión que puede generarles frustración, en lo que un reciente estudio europeo ha descrito como un aburrimiento o cansancio del ánimo de índole espiritual”, según advierte.

Estudiar el origen y los fundamentos de nuestra religión; volver a leer las escrituras; fortalece nuestra conexión con lo espiritual. Foto: Freepik.
González explica que “esta sensación de tedio, descrita por investigadores de las universidades de Viena (Austria) y Essex (Reino Unido), se produce cuando las prácticas espirituales o religiosas —como el yoga, la oración, los retiros o la meditación— dejan de generar inspiración en quienes las practican y son percibidas como carentes de significado o estímulo”.
Para el psicólogo Thomas Goetz, de la universidad de Viena, el denominado desgano o cansancio espiritual surge tanto cuando la práctica que se realiza resulta demasiado exigente como cuando es excesivamente simple, y puede disminuir notablemente la motivación de la persona que la efectúa y el poder transformador de la experiencia, apunta la psicóloga de Centta.
El sentido profundo de la práctica espiritual.
González explica que “esta sensación de aburrirnos suele ocurrir cuando no conectamos o no entendemos el sentido profundo de una práctica espiritual o religiosa y nos quedamos solo con el objetivo de calmar un estado personal negativo o conseguir nuestro propio bienestar como único fin”.
Por otra parte, se trata de un fenómeno que “vuelve a poner de manifiesto como la cultura de la inmediatez, convierte practicas espirituales profundas en las que se necesita una formación y un proceso de tiempo para vivirlas profundamente, en otro factor de estrés al quedarnos solo en la superficie”, según esta psicóloga.
Desde el instituto Centta, recalcan que “esta sensación de tedio no es señal de falta de fe o de compromiso, sino una oportunidad para revisar el modo en que nos relacionamos con nuestra espiritualidad”.
En un contexto como la Semana Santa, donde las expectativas de conexión interior son especialmente altas, este centro de psicología propone tres claves prácticas para afrontar el desgano espiritual o religioso y volver a conectar con el sentido profundo asociado a una experiencia trascendente.
Ajusta la exigencia de tu práctica religiosa.
“El cansancio o desgano espiritual puede ser un indicador de desajuste: o bien la práctica nos exige demasiado, generando saturación, o demasiado poco, produciendo apatía”, explica la psicóloga María González.
Esta experta señala que “atender a nuestro propio ritmo y adaptar la intensidad de nuestra práctica espiritual —por ejemplo, acortando sesiones de meditación u oración o bien incorporando actividades más retadoras, si las actuales nos resultan monótonas— nos ayudará a mantener el interés y la atención plena” en lo que estamos haciendo como acto de devoción.

Durante los días más sagrados para el catolicismo, en Semana Santa, muchas personas viven más intensamente su religiosidad. Foto: Freepik.
Cultiva la conciencia del valor personal de lo que haces.
“Cuando por ejemplo nos olvidamos las razones de por qué rezamos, meditamos, asistimos a una misa, procesión o ritual litúrgico, ayunamos o nos abstenemos de comer de carne, durante los días de la Semana Santa, entonces la práctica espiritual pierde sentido”, de acuerdo con esta especialista.
González señala que, en esos casos, “tomarse unos minutos para reflexionar sobre cómo estas prácticas impactan positivamente en nuestra vida —aportándonos calma, claridad, paz interior, bienestar emocional o un sentido de trascendencia o de comunión con los demás— puede contribuir a que retomemos el contacto con su propósito original”.
“Estudiar el origen y los fundamentos de tu religión; volver a leer las escrituras; entender para qué sirven la oración o la meditación y reconocer el valor subjetivo de estas prácticas, fortalecerá tu conexión con lo espiritual y reducirá tu sensación de vacío”, señala.
Integra la espiritualidad en tu vida cotidiana.
Para González “la espiritualidad no debe limitarse a los templos ni a los momentos de retiro, las festividades religiosas o las actividades litúrgicas”.
Señala que “debemos incorporar el enfoque espiritual a nuestra vida diaria, escuchando y ayudando a los demás, y viviendo nuestras acciones con presencia mental y emocional”, lo cual “puede convertirse en una forma profunda de conexión interior”, destaca.
“Incorporar la espiritualidad a nuestro día a día evita que se convierta en una experiencia aislada o esporádica, favoreciendo una vivencia más coherente y sostenida” de las prácticas religiosas, puntualiza.
Según esta psicóloga, nuestra espiritualidad no tiene que terminarse cuando la Semana Santa llega a su fin. En lugar de esto, el final de esta festividad puede marcar el inicio de una nueva forma de vivir la búsqueda de sentido y propósito en la vida, a un nivel más profundo.
“En definitiva, el desgano o cansancio espiritual no debe interpretarse como un fracaso, sino como una invitación a revisar nuestras expectativas y a volver a conectar con el sentido más humano y real de la experiencia espiritual: el encuentro auténtico con uno mismo y con Dios”, concluye González.